El rico que no tenía nada

Me he topado con esta vieja reflexión del año 2013, mucho más joven y por desgracia para mi yo actual incluso más elocuete. Una mirada sosegada de las cosas, simple. No quiero ahora manchar la reflexión con mi potencial ineptitud del presente, así que sin más, aquí la dejo:

Pasear de la mano de la soledad te descubre la ciudad. Saltar de roca en roca y acariciar la hierba te devuelve a la naturaleza. Pararte bajo la lluvia te redescubre la libertad. Empeñarte en medir la vida en base a las posesiones te deja sin una vida que vivir. Es bueno perder. Perder te da la perspectiva del perdedor. Alejado de las alabanzas, desposeído de las adulaciones, el mundo que te rodea se descubre en su forma más cruda y bella. No hay mérito en encontrar belleza en un palacio. Los palacios están concebidos para que todo a su alrededor palidezca. La belleza genuina está en la flor que se abre camino entre el asfalto, en una gota que dibuja anillos en el agua, el Sol enrojeciendo el atardecer y tiñendo las olas del mar.

En la vida es necesario parar. Cada momento es único y si no dejas de correr llegará el día en el que no sabrás como has llegado hasta allí. Todo nuestro sistema está creado para que corramos como un hámster en su rueda, sin parar, sin mirar a los lados. Pero si no paramos, si no miramos, si no somos conscientes de que este momento que está transcurriendo, en el que el futuro viene al presente para terminar al instante siendo pasado, nos perdemos la vida. Este momento nunca volverá. No hay nada más triste que llegar a un día en el que descubras que has pasado por la vida pero que no la has vivido.

Si las películas no te hacen soñar, ni la música te transporta a otro lugar, si las palabras no te emocionan ni los libros te hacen llorar, si no eres capaz de reír sin motivo, entonces tu vida para mi no tiene sentido. Una vez alguien le dijo a un muy buen amigo que no tenía nada, porque no tenía un buen reloj, tampoco una casa, un barco ni un gran coche. Curiosa definición de no tener nada. Yo siempre pensé que mi amigo tenía un montón. Tenía amigos, a alguien que le quería, tenía la capacidad de reírse de si mismo y una gran sabiduría. Yo lo tengo claro, pero, ¿y tú? ¿Tú quién prefieres ser? ¿Tú qué prefieres tener?

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